Dîner Noir + “Noche en la ciudad”

Como suele ir siendo habitual en este evento gastroaudiovisual, y esta vez con inusitada anticipación, me puse a pensar en el objeto del menú y posterior visionado con el ánimo de estar a la altura de las circunstancias. A la altura de un listón que ya nos hemos encargado de subir mucho más de lo que nuestras resecas inventivas y pericias culinarias pueden saltar. Aun así, un servidor, sacó rendimiento mental a una de sus especialidades: el arroz negro, y lo íntegro en la temática de lo noir-black-negro. La idea era, pues, hacer una cena temática cuyo telón de fondo fuese lo negro, en el buen sentido de la palabra. ¿Y, para eso, qué mejor que la guarnición fílmica corriese a cargo del género negro? Pues nada, lógicamente.

Hasta aquí todo bien, ahora tocaba bajarlo a la mesa, y ahí, es cuando la fórmula perfectamente calculada se descoyuntó por su variable gastronómica. De primero puse una ensalada “negra” (ejem!). Esta era la parte del menú necesaria para completar el plato estrella que sería el segundo. Era lo que se dice un mero trámite y así se concebió y deglutió por el personal. En fin, que no era negra porque los ingredientes más oscuros ensalables que hay en el mercado no dan la talla en el sentido “cojondegrillo”. Cumato tan verde que no llegó ni al plato, lechuga de roble y ni siquiera unas miseras aceitunillas que al menos hubieran dado el pego. Bah! Qué desastre! Efectivamente, ese era ya el sentimiento generalizado en los comensales. Pues tranquilos, que lo peor aún estaba por llegar. Sí, amigos, hablo de mi “super-especialidad”, mi punto fuerte, mi fortaleza culinaria: el arroz negro… ¡Dios! Sin comentarios, todo un cúmulo de despropósitos, un buen ejemplo de cómo desaprovechar un suculento Fumet, reventar una almejada y hacer de un arroz, ya de por si ignominioso, una masa informe, un engendro que nos pedía de manera desgarrada que lo matásemos, que quien había sido la despiadada alma que lo había parido así…

Ensalada de lechuga de hoja de roble con tomate. Ensalada (EJEM!) negra

Arroz negro con almejas y langostinos. Mejor que no veais lo que hay debajo.

Detalle de las almejas guerreras

Vino D.O.C. Rioja Puerta Vieja, Crianza 2007 y Cerveza “La trappe” de trigo y cebada. ¡Lo mejor de la cena y no lo traje yo!

(Gracias Ana por contribuir a que la cena tuviese algo mas de negro que el resultado)

Bueno, vayamos a lo que de verdad cundió de la noche: la peli. Noche en la Ciudad. Un artefacto noir dirigido por Jules Dassin en la inglaterra de 1950 que condensa todas las características que se le deben pedir a una peli de cine negro. Pero no sólo eso, es que, además, Noche en la Ciudad despliega un ritmo, una tensión y unas atmósferas que, a pesar de la mentada y, típica de la época, teatralidad de las actuaciones, logra catapultarte al universo asfixiante de los perdedores, los detectives, los burdeles disfrazados de salas de variedades, las mafias; en otras palabras, con el latir soterrado de una sociedad que se presenta ordenada, educada y moralmente inmaculada pero que detrás encierra unas pulsiones turbulentas que se manifiestan con el declinar del día.

En esa sociedad B, que reverbera al ponerse el sol en los sucios charcos de los callejones, un personaje: Harry Fabian, logra granjearse el favor del espectador a pesar de su sistemática mezquindad y ratoneria. Harry es un tipo que cree que ha entendido las reglas que rigen ese mundo noir en el cual ejerce de gancho para un burdel. Harry cree que ya domina las tretas necesarias para manipular y hacerse con el favor de todos los buscavidas de la noche, se siente un tipo con un superdotado olfato para los negocios milagrosos, las vetas de oro escondidas en proyectos tan disparatados como suicidas. El mismo es justamente eso: el yanquee que llega a Londres intoxicado de las consignas que levantaron la estructura luminosa norteamericana, el hombre que desde abajo, con las únicas armas de su descaro y determinación, arriesgó y se encumbró. Sin embargo, este mundo nunca deja de ser el mundo de la noche londinense, en él, sus reglas, son menos evidentes, el poder y la movilidad están monopolizados por aquellos que lo tuvieron desde el principio. En estas calles, los arribistas sin aval tienen poco futuro, prima el músculo, el poder y el dinero; sin esos mimbres y por mucha desvergüenza y falta de escrúpulos que se hagan gala, la lógica del poder enseguida pone a cada uno en su sitio. No obstante, Harry, logra tener sus momentos de gloria, logra  rozar la cumbre, logra amenazar el status quo de los mafiosos de la nocturnidad. Pero, efectivamente, es sólo una dulce y evanescente ilusión. A pesar de su falta de escrúpulos, Harry, aun tiene sus cómplices y sus amantes. Amantes parecidos a polillas atraídas por las luces de neón de los pubs, polillas que encuentran en Harry el refulgir de un espíritu kamikaze y salvaje que ejerce hacia ellas una irresistible e ilógica imantación. Sin embargo, tarde o temprano, esas polillas se convierten en mariposas y entienden que tienen que alejarse de esa luz tan intensa como perecedera,. Entienden que si quieren sobrevivir en la noche tendrán que respetar sus reglas de juego.


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6 thoughts on “Dîner Noir + “Noche en la ciudad”

  1. La próxima vez que hagas un plato de arroz, no se te puede olvidar comprar el ingrediente principal, osease….el ARROZ!!!

    De todas formas, de sabor estaba bueno, eres un pelín exagerado…

  2. Está bien ser uuun poco auto-crítico, pero lo tuyo roza la auto-flagelación. En cuanto a la entrada, me parece que está muy bien redactada, al estilo Gure, pero muy bien.
    El próximo arroz lo clavas fijo, y sino, clavate esta B=D…. ups

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